¿PUEDE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL LLENAR LOS VACÍOS QUE DEJAN NUESTROS VÍNCULOS?

Por Gabriela Alesi (@vayamosalpunto), Psicóloga social, diplomada en pareja y sexualidad, especialista en vínculos del siglo XXI.


En una época en la que nos cuesta tanto encontrarnos, los vínculos con la IA nos enfrentan a una pregunta incómoda: ¿qué estamos buscando en ella que sentimos que nos falta entre nosotros?

Hay algo de nuestra época que me interpela profundamente: estamos desarrollando tecnologías capaces de simular empatía; muchas veces nos cuesta encontrar espacios donde podamos hablar de verdad con otra persona.

Hoy alguien puede contarle a una inteligencia artificial sus miedos, sus frustraciones amorosas, sus inseguridades o aquello que no se anima a decirle a quien tiene al lado. Puede sentirse escuchado, acompañado y hasta comprendido. Pero hay una diferencia fundamental: sentirse comprendido no es lo mismo que construir un vínculo recíproco.

La socióloga Sherry Turkle, investigadora del MIT, lleva años estudiando cómo la tecnología transforma nuestras relaciones. Su trabajo invita a reflexionar sobre una paradoja contemporánea: podemos sentirnos acompañados por dispositivos que simulan la escucha, pero esa experiencia no equivale necesariamente a la intimidad que construimos con otra persona.

¿Por qué puede resultar tan atractiva una compañía artificial?

Quizás porque el Otro tiene deseos propios, sus tiempos, sus contradicciones y sus límites. A veces no nos entiende, nos confronta o no está disponible.

Y ahí aparece una pregunta incómoda: ¿nos está costando tolerar todo aquello que hace que el otro sea precisamente un Otro?

Amar implica encontrarnos con alguien que no existe exclusivamente para satisfacer nuestras expectativas. Supone negociar, aceptar diferencias, reparar cuando nos lastimamos y construir una intimidad que no viene garantizada de antemano.

Esto no significa que toda persona que conversa con una IA esté sola, ni que la tecnología sea necesariamente perjudicial.

La investigación científica comienza a explorar sus efectos sobre la empatía y el bienestar psicológico, y los resultados invitan a evitar conclusiones simplistas.

Tampoco se trata de juzgar a quien encuentra compañía en una conversación artificial. Todos necesitamos sentir que importamos para alguien. A veces, detrás de esa búsqueda, hay soledad, necesidad de escucha o simplemente ganas de poner en palabras aquello que nos pasa.

Pero vale la pena preguntarnos qué sucede cuando esa experiencia empieza a reemplazar, en lugar de ayudarnos a construir, nuestros encuentros con otras personas.

Quizás el verdadero interrogante no sea si podemos encontrar refugio emocional en una inteligencia artificial, sino qué nos revela esa posibilidad sobre nuestra manera de vincularnos.

Estamos tan exigidos, tan apresurados o tan temerosos de ser rechazados que empezamos a preferir una intimidad donde el riesgo de encontrarnos con la diferencia parece menor o nulo.

No necesitamos demonizar la tecnología para reconocer el valor del encuentro humano. Podemos aprovechar sus posibilidades sin olvidar que una relación también implica escuchar, cuidar, negociar y dejarnos afectar por alguien que tiene una vida propia.

Tal vez no estemos buscando que una máquina nos valore y acompañe. Tal vez estemos buscando volver a sentir que alguien nos escucha sin juzgar, sin criticar, y que le importamos; que hay un lugar para nosotros en la vida de Otro.

Y eso merece algo más que un juicio: merece que nos detengamos a pensar cómo estamos amando, cómo estamos acompañando y qué podemos hacer para que el encuentro humano siga siendo un lugar donde valga la pena quedarse.

Animarnos a pensar lo que nos pasa y poner en palabras lo que sentimos, abrir nuevas preguntas sobre cómo nos vinculamos.

Porque comprendernos también es una forma de encontrarnos.

Soy Gaby Alesi y esto es Vayamos al Punto.

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