Cuando un banco o institución mantiene activos digitales relevantes en una blockchain pública, ocurre algo único: cada aspecto de su postura de seguridad se vuelve visible para los atacantes. Los balances on-chain son públicos. Los patrones de transacción son trazables. Las direcciones con las que interactuás —tu whitelist— no son un secreto. Se transmiten al mundo entero con cada operación. Para grupos profesionales de amenazas, en particular actores patrocinados por Estados como el Lazarus Group de Corea del Norte (responsable de más de USD 2.000 millones en robos cripto desde 2017), esta transparencia es un regalo. No necesitan adivinar tu arquitectura de seguridad. Pueden mapearla. La perspectiva del atacante Un grupo estatal que vigila un objetivo de alto valor va a: Identificar las wallets on-chain del objetivo y sus balances. Mapear cada dirección con la que interactúa regularmente (la whitelist). Investigar cada entidad whitelisteada —proveedores, custodios, contrat...
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