Durante años, gran parte de la conversación sobre innovación logística estuvo asociada a automatización, robots, depósitos inteligentes y operaciones cada vez más digitalizadas. Sin embargo, a medida que la inteligencia artificial comienza a incorporarse en procesos concretos de planificación y operación, aparece una conclusión menos visible, pero cada vez más clara dentro del sector: la logística todavía depende fuertemente de las personas. Hoy, la IA ya se utiliza para optimizar rutas, prever demoras, reorganizar operaciones frente a cambios de demanda, detectar desvíos y mejorar la planificación diaria. Incluso empieza a ganar terreno en tareas vinculadas al análisis predictivo y la simulación de escenarios operativos. Pero cuando la operación sale a la calle, la realidad sigue siendo mucho más dinámica que cualquier algoritmo. Cortes de ruta, cambios climáticos, demoras inesperadas, modificaciones de último momento, problemas de coordinación o necesidades específicas de cada client...
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