El 15 de marzo del año 44 a.C., Roma cambió para siempre. Julio César, el general invicto y dictador perpetuo, se dirigía a una reunión del Senado sin saber que sus pasos lo llevaban directamente a una trampa mortal. La conspiración ya estaba en marcha. Sus enemigos, un grupo de senadores autodenominados "libertadores", aguardaban en la Curia de Pompeyo con dagas ocultas bajo sus togas. El peso de la ambición y la traición La figura de César despertaba pasiones encontradas. Para unos, era el salvador del pueblo y un líder brillante; para otros, un tirano que amenazaba la esencia misma de la República Romana. Esta división alimentó la conspiración que culminó en un magnicidio que ha resonado a lo largo de los siglos. Más allá de la leyenda: los detalles olvidados ¿César ignoró las advertencias? Se dice que un vidente le advirtió que tuviera cuidado con los Idus de Marzo, y que su esposa Calpurnia tuvo pesadillas premonitorias. ¿Fueron estas señales re...
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