La economía que viene: qué pasa cuando la tecnología avanza más rápido que las decisiones ejecutivas


La inteligencia artificial cambió las reglas del juego para las organizaciones. Hoy conviven dos mundos que avanzan a velocidades muy distintas: el de las compañías nativas digitales, diseñadas desde cero con IA integrada, y el de las organizaciones legacy, que cargan con estructuras, procesos y modelos operativos pensados para otro contexto.

La preocupación no es exagerada. Según el Kyndryl Readiness Report, el 87% de los líderes del sector considera que la IA transformará completamente los roles y responsabilidades en los próximos doce meses. Sin embargo, solo el 29% cree que su organización está realmente preparada para gestionar ese cambio. La brecha entre expectativa y capacidad es cada vez más visible. “No es que las organizaciones legacy están llegando tarde con la IA; el problema es que su propia estructura de datos puede volverse un freno”, explica Gustavo Favaro, Data & AI Lead de Kyndryl. “Compiten contra empresas más chicas, más ágiles y sin el peso de miles de procesos heredados”.

El informe muestra que el entusiasmo por la IA convive con una dificultad concreta para llevarla a escala. Aunque el 54% de las organizaciones ya reporta retornos positivos de sus inversiones en IA, el 62% todavía no logró pasar de la fase piloto. La tecnología avanza, pero la ejecución se queda a mitad de camino. La diferencia entre quienes logran escalar y quienes no logran hacerlo tiene menos que ver con el presupuesto y más con la disciplina organizacional.

Uno de los hallazgos más relevantes del Readiness Report es que la principal barrera para la adopción de IA no es técnica, sino cultural. El 71% de los líderes reconoce que su fuerza laboral no está lista para aprovechar la IA en el trabajo cotidiano. Sin embargo, la experiencia muestra que esa brecha puede reducirse rápidamente si la organización interviene en los puntos correctos. “La claridad estratégica reduce el ruido operativo. Cuando la gente entiende hacia dónde va la organización, la innovación deja de ser un experimento aislado. Cuando le mostrás a una persona cómo la IA puede integrarse a su tarea diaria, el cambio muchas veces ocurre en segundos. Eso demuestra que hay aceleradores culturales muy fuertes, pero poco trabajados”, explica Favaro.


Personas primero, tecnología después

En organizaciones con miles de procesos legacy -formas de trabajar que fueron diseñadas para un entorno que ya no existe y que hoy condicionan su capacidad de adaptación- transformar todo manualmente es inviable. Por eso, el enfoque debe empezar por quienes ejecutan el trabajo. “El verdadero motor del cambio no es la herramienta, sino la persona que usa el proceso. La IA tiene sentido cuando se incorpora alineada con la inteligencia humana”, señala Favaro.

En ese camino, los agentes de IA empiezan a jugar un rol clave: permiten relevar información a escala, identificar cuellos de botella y acelerar transformaciones que de otro modo llevarían años. No reemplazan a las personas, pero redefinen su rol.

Es evidente que la velocidad del cambio tecnológico hoy supera la capacidad de adaptación humana. Los procesos se transforman más rápido de lo que las personas pueden asimilar. “Las organizaciones van a tener que redefinir su propuesta de valor y reformular roles en un modelo donde la eficiencia ya no es el diferencial”, asegura Favaro.

El límite ya no está en la IA, ya que la tecnología seguirá avanzando. El verdadero desafío está en la capacidad de las organizaciones para imaginar un nuevo modelo de negocio. La inteligencia artificial deja de ser un “tema de sistemas” para convertirse en una discusión estratégica sobre cómo se gobiernan las organizaciones, cómo se toman decisiones y cómo se redefine el trabajo en la economía que viene. 

Comentarios